El verano es una época fantástica para leer ficción, novelas, distraerse y mira tú por donde…a mí me da por leer a Cicerón, considerado el padre de la Oratoria, concretamente el libro de “Diálogos del Orador”. Sí soy así de excéntrica, qué le vamos a hacer.

Este es el segundo artículo con reseñas de libros de Oratoria que me parecen imprescindibles para cualquier orador que se precie. Si  haces clic aquí verás la reseña del primero que te recomendé, “La isla de los cinco faros” y que seguro cambia tu forma de plantear tus presentaciones en público. Está especialmente recomendado para personas que hablan habitualmente en público y necesitan no agotar sus ideas.

Como ya te comenté, el método para todos los cursos en Oratoria que hago tanto presenciales en Alicante, Murcia y Valencia como los que imparto online se basan en estas lecturas.

Diálogos del Orador. Cicerón

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Portada. Amazon

Una de las cosas que nos deja bien claras es que hablar en público no es tarea sencilla.

“En el orador se pide la agudeza de los dialécticos, las sentencias de los filósofos, el estilo de los poetas, la memoria de los jurisconsultos, la voz de los trágicos y el gesto de los mejores actores. Nada más raro de hallar en el género humano que el orador perfecto”.

Considerado uno de los padres de la oratoria junto a Demóstenes, Cicerón fue jurista, político, filósofo, escritor, y orador romano. Ejerció como abogado y como fiscal y desde muy joven fue apreciado (y perseguido) por su elocuencia, su retórica y su habilidad para presentar los casos.

 

Muchas de sus frases más famosas están en plena vigencia y su visión de las relaciones humanas son perfectamente aplicables en pleno siglo XXI. En este video tienes una breve biografía.

¿A quién recomiendo este libro?

A todas aquellas personas que hablan en público y cuyos discursos deben ser persuasivos:

  • Políticos
  • Economistas
  • Empresarios
  • Comerciales
  • Representantes en una negociación

“Diálogos del orador” no es una lectura fácil, ya que es la transcripción de la obra en latín del propio Cicerón, si bien está cargada de pequeños tesoros para tener en cuenta a la hora de poner en escena una presentación en público con una Oratoria que impacte y cautive.

Te transcribo solamente algunas.

Por ejemplo ¿sabías que Cicerón, uno de de los más grandes oradores de la historia, también tenía miedo escénico? 

“En vosotros suelo advertir y en mí he experimentado muchas veces que al empezar el discurso palidezco y empiezo a temblar…”

¿Y quién no? Nadie nos enseña a hablar en público y los síntomas físicos del miedo aparecen cuando el cuerpo se encuentra expuesto ante una situación desconocida y de consecuencias imprevisibles. Consuela saber que hasta Cicerón tuvo miedo escénico.

Grande y dificultosa tarea es hablar donde todos callan porque notarán con más agudeza los defectos que las virtudes.

Otra parte de “Diálogos del Orador” que me gusta mucho es cuando habla de los elementos de la oratoria. Nos da bastantes pistas a la hora de planificar una intervención en público y es un método que muchísimos oradores utilizamos muchos siglos después. Servidora incluida, con una salvedad y es que jamás memorizo el texto completo, si acaso las frases más importantes.

El arte de la oratoria está dividida en cinco partes. Primero inventar lo que se ha decir. Segundo ordenar lo inventado, pesarlo y componerlo. Tercero, vestir y adornar el discurso. Cuarto, guardarlo en la memoria y por último recitarlo con dignidad y gracia.

De cualquier modo, como maestro en retórica y en exacerbar los ánimos de quienes le escuchaban, Cicerón da consejos muy útiles para quienes deben defender y debatir diferentes posturas frente a un contrario (políticos, negociadores,…).

“En el exordio (inicio) se debe conciliar el ánimo de los oyentes, hacer la exposición, establecer la controversia, confirmar nuestro parecer, refutar al contrario y en el epílogo amplificar lo que nos favorece y menoscabar lo que favorece a nuestros adversarios”

Cicerón insiste mucho en la necesidad de provocar emociones al hacer un discurso, de utilizar el humor “como la sal” en las palabras. A los oradores los llama “operarios de lengua veloz y aplicada” y a un adversario suyo, muy irascible, le llamó “hombre de genio sacudido”. Todo meditado y calculado, cedía poco terreno a la improvisación.

El discurso ha de brillar por la elección y la construcción de las palabras, ha de conocer el orador las pasiones humanas, porque en excitar o calmar el ánimo de los oyentes consiste toda la fuerza y valor de la oración

Y no le falta sentido del humor al criticar a los malos oradores. Hay que tener en cuenta que en la época en que vivió Cicerón una buena oratoria ante un tribunal o ante el Senado era la única opción para ganar un caso, defender una causa o vencer a un adversario.

“Les pierde haber oído decir que hablando se aprende a hablar, cuando la verdad es que hablando mal es muy fácil conseguir hablar pésimamente”

En los discursos se lo jugaban todo. Si has leído alguna obra clásica o novela histórica, por ejemplo de Santiago Posteguillo, de las series de Escipión el Africano o la Trilogía de Trajano sabes de qué te estoy hablando. Mucho más ligeras que Cicerón, te las recomiendo encarecidamente y ojo que las trilogías de Posteguillo enganchan (desde Drácula que no pasaba una noche entera leyendo). A modo de ejemplo, un video.

Imposible transcribirte todas las frases que he entresacado de “Diálogos del orador”, una obra de lectura espesa y difícil pero que te da muchas ideas a la hora de un debate o de presentar temas controvertidos.

A quienes hablando en público deben defender confrontar posturas es a quienes les recomiendo esta obra.

¿Y tú? ¿La has leído? ¿Qué te ha parecido?