Érase una vez, un joven indio, Lobo Solitario, que salió con su caballo para cazar al gran bisonte. Quería demostrar a su tribu que era un buen cazador. Derribó un bisonte macho de 400 kilos, lo ató a su caballo y lo arrastró lentamente hasta su aldea.

Durante el camino, apareció entre la maleza el gran enemigo del bisonte: el coyote. Lobo Solitario sabía que si luchaba contra un coyote hambriento perdería ¿Qué hacer? ¿Atacar y arriesgar su vida? ¿Salir corriendo y dejar su triunfo? Rápidamente sacó su cuchillo. ¿Para atacar al coyote? No, en su lugar hizo algo distinto y creativo, cortó un trozo del bisonte y se lo tiró lo más lejos que pudo. El hambriento coyote se lanzó a por la carne para devorarla.

Lobo Solitario, consciente de que el peligro no había desaparecido, se apresuró a llegar a su aldea. Su caballo estaba exhausto de arrastrar al bisonte. Al cabo del rato, la situación se complicó y de entre la maleza surgió el mismo coyote y no venía solo ¡dos coyotes más lo acompañaban! Lobo Solitario sacó el cuchillo de nuevo, cortó tres filetes de bisonte y lo lanzó lo más lejos que pudo. Tiró de su cansado caballo en un intento desesperado de ayudarle a arrastrar el bisonte, ya se veía de lejos la aldea, pero se dio cuenta de que no iba solo ¡Aparecieron cinco coyotes más!

Cortó cinco filetes más y los lanzó, pero llegando a la aldea tuvo que cortar ¡otros diez! Cuantos más carne tiraba, más coyotes acudían.

Cuando llegó a la aldea, el jefe kiowa Arco Largo, en lugar de alegrarse le reprochó su comportamiento “Has enseñado a los coyotes que cada vez que quieran carne de bisonte han de atacar a un indio a caballo, les has enseñado el camino a nuestra aldea ¡Estamos rodeados!”

(extraído del libro “Es fácil negociar si sabes cómo de Alejandro Hernández)

“Cuantas más concesiones hagas al otro, más te pedirá”

¿Cuántos filetes has regalado con tal de conseguir/apaciguar un cliente y nunca te lo han agradecido? Si das, pide algo a cambio, toda concesión tiene un precio.