Jueves, 19 de marzo de 2020. Hoy tocan cosas «caseras». Por primera vez en mi vida no he podido felicitar a mi padre con dos besos y un gran abrazo. Lo echo de menos. A él, a mi madre, a mi familia, a mis amigos. Creo que jamás los besos, los abrazos, las risas en familia y con amigos han tenido tanto valor como en estos días, que nos vemos privados de ellos.

Al final, hasta las cosas más sencillas cumplen las «leyes del mercado», son más valiosas cuanto más escasas.

La tecnología, que se ha instalado entre nosotros como una segunda piel, suple la distancia física y a mediodía vemos por videollamada de wassap a mis suegros y a mis cuñados. Da alegría verlos, sonreír, escucharlos y compartir cómo estamos llevando el confinamiento. Parece que nos lo tomamos con humor y creo que sobre todo nos tranquiliza saber que estamos bien.

Videollamamos (si no existe esta palabra pronto lo hará) a mis padre por wassap pero no puedo hablar con él porque «está en el bancal». Mis padres viven en un chalet en medio del campo y ahora mismo disfrutan de otro lujo: dar paseos al aire libre.

Cómo añoro sentir la tierra bajo los pies, el aroma del azahar que ahora cubre de blanco los naranjos, acariciar al perro, tomar el aperitivo hablando de todo y de nada. Esas pequeñas cosas que nos dan la vida cada día y que no hemos valorado suficientemente hasta ahora.

La Naturaleza nos muestra lo esencial. Nuestra tierra y nuestra tribu.

Por la tarde, mi madre nos hace una videollamada pero esto de las tecnologías no está hecho para mi padre, que se desenvuelve muchísimo mejor con la tradicional llamada de voz por teléfono fijo. Hablamos precisamente de la suerte que supone ahora mismo «pasar la mañana en el bancal» cuando hace solo una semana no parecía un regalo precisamente.

Como contrapartida, algo que disfrutamos desde siempre es de la comida. Tengo la suerte de que mi marido es un gran cocinero y hoy ha preparado un exotismo que nos vuelve locos: giozas, sushi y maki. Mi hijo dice que cuando pase todo esto una de las primeras cosas que quiere hacer es ir al restaurante asiático a comer. 🙂

Aquí os dejo una foto del resultado. Gracias por estar ahí un día más.