Sábado, 14 de marzo. Hoy he arreglado mi balcón. Y he asistido a un monólogo online, en un formato que estoy convencida que ha venido para quedarse.

Quiero pensar que no soy la única que creía que se podía salir a hacer deporte este sábado por la mañana. De hecho, se veía a algunas personas haciendo running por la avenida. Estaba a punto de salir a la calle a caminar cuando escuché al locutor decir “si en estos momentos te estás poniendo las zapatillas para ir a correr déjalas y quédate en casa”. Si no se puede salir ni a hacer deporte en solitario, algo no nos están contando o yo no lo estoy entendiendo. «Vale, pues me quedo arreglando el balcón».

El balcón es el mejor lugar de mi casa, desde el cual veo el mar, el castillo y toda la bahía de Alicante. Es mi centro de inspiración para trabajos creativos y seguramente el sitio donde pase mucho tiempo en los próximos días, si el tiempo lo permite.

Así que he ocupado la mañana en limpiar macetas, podar, preparar tierra… He plantado semillas de flores silvestres en una jardinera con la esperanza de que cuando florezcan ya hayamos vuelto a la normalidad. Sentir la tierra entre los dedos me da fuerza y serenidad al mismo tiempo.

Lo extraordinario vino por la tarde.

Bajo la etiqueta #yomequedoencasa se agrupan múltiples iniciativas de todo tipo para hacernos más llevadero el confinamiento. Consejos, enlaces a museos, festivales de música e incluso obras de teatro donde los artistas difunden su obra online.

Desde casa hemos asistido al monólogo “Que sea la última vez” del grandísimo Javi Soto. Es actor de improvisación y lo ha retransmitido por Instagram, desde la terraza de su casa, con cartulinas y rotuladores a modo de títulos de crédito y supliendo la escenografía con imaginación y cariño. De algún modo, sé que acabo de asistir a una nueva forma de expresión artística online, con un potencial increíble porque diluye fronteras.


Fuente: Linkedin Javi Soto

Lo mejor del día ha sido el aplauso general que desde los balcones hemos dado a los médicos y al personal sanitario de forma anónima y entusiasta. Un aplauso sostenido durante muchos minutos que me ha hecho saltar lágrimas de emoción.

A punto de irme a dormir, reina el silencio en el balcón. Echo un vistazo a la jardinera y deseo que cuando salgan las primeras flores también lo hagamos nosotros para disfrutar de la libertad y la luz del sol.

Hoy doy gracias por tener un techo bajo el que dormir.

Cultura online que viene para quedarse.

Mi reflexión de hoy viene dada por la iniciativa de miles de artistas de poner su obra a disposición del público en un formato no presencial. Estamos asistiendo a una nueva forma de divulgación de la cultura y las artes, escénicas y plásticas.

La situación de confinamiento ha forzado una extraña alianza entre Tecnología y Cultura, tradicionales enemigos porque hasta ahora si querías ver una obra o una película tradicional o lo hacías presencialmente o te quedabas en casa o te ibas al centro comercial (¡ugh!), con la consiguiente merma de público para las salas de teatro y los cines. O vienes o no lo ves…ha sido la costumbre hasta ahora.

¿Y si es un nuevo formato cómo cobramos la «entrada»? Herramientas tecnológicas hay de sobra para hacerlo: bizum, Paypal, entre otras. Por otra parte, los ciudadanos nos hemos acostumbrado a «pagar» entradas de tarifa plana con las grandes cadenas de series de TV, Netflix, HBO, Amazon Prime. El uso social ya existe.

Personalmente, cuando todo esto pase y todo un cuerpo actoral pueda reunirse en un teatro para escenificar una obra creo que sería perfectamente posible combinar las representaciones presenciales y las online. Hay que asegurar los ingresos que permiten que una obra de teatro o un concierto o una exposición siga adelante y que todo el mundo cobre con dignidad, obviamente. ¿Y porqué no implantar un número limitado de entradas online? Más personas «irían» al teatro, que ahora mismo tiene unos precios que pocas familias se pueden permitir de manera habitual.

Cultura y Artes Escénicas online. Un formato que creo que ha llegado para quedarse.

Herramientas descubiertas:

Instagram (¡sí, no la había usado nunca, lo confieso!)